El descubrimiento del dibujo urbano
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Si hace unos años alguien me hubiera dicho que un sábado por la mañana iba a sentarme en una plaza simplemente para dibujar lo que veía delante de mí, probablemente me habría reído.
Y, sin embargo, aquí estoy.
Con un cuaderno, unas acuarelas, un bolígrafo y muchas ganas de observar.
El dibujo urbano, o Urban Sketching, es una de esas aficiones que llegan sin hacer ruido y terminan ocupando un lugar muy especial.
Dibujar despacio en un mundo que siempre tiene prisa
Vivimos acostumbrados a pasar por los sitios sin mirarlos de verdad.
Entramos en una calle pensando en la siguiente tarea del día. Nos sentamos en una terraza mientras miramos el teléfono. Visitamos una ciudad haciendo fotografías casi sin detenernos.
Cuando dibujas ocurre justo lo contrario.
De repente empiezas a fijarte en la forma de un balcón, en la sombra que proyecta un árbol o en cómo cambia el color de una fachada cuando el sol empieza a bajar.
Es curioso cómo un simple dibujo puede hacerte descubrir lugares por los que habías pasado decenas de veces sin reparar en ellos.
No hace falta dibujar perfecto
Creo que esta es una de las ideas que más me gusta transmitir cuando alguien me dice que le gustaría empezar.
No se trata de hacer una ilustración perfecta.
Ni de conseguir una perspectiva impecable.
Ni de llenar el cuaderno de obras maestras.
Se trata de disfrutar del momento.
Cada dibujo es el recuerdo de un lugar y de un rato vivido allí.
Cuando vuelvo a abrir alguno de mis cuadernos, muchas veces no recuerdo solo el dibujo. Recuerdo la conversación que escuchaba en la mesa de al lado, el sonido de una fuente o el olor del café que tenía delante.
Una forma diferente de viajar
Desde que descubrí el dibujo urbano, los viajes son distintos.
Sigo haciendo fotografías, claro.
Pero también intento encontrar un rincón tranquilo donde sentarme un rato.
No importa si termino el dibujo o no.
Lo importante es dedicarle tiempo a un lugar y observarlo con calma.
Al final, esos dibujos tienen mucho más valor para mí que muchas fotografías guardadas en el móvil.
Dibujar también inspira mis joyas
Aunque pueda parecer que el dibujo y la joyería no tienen nada que ver, para mí están muy conectados.
Los colores que encuentro en una puerta antigua.
La combinación de tonos de una fachada.
La textura de una piedra.
La forma de una hoja.
Todo eso termina apareciendo, de una manera u otra, en algunas de las piezas que diseño.
Creo que cuando aprendemos a mirar con más atención, también aprendemos a crear de otra manera.
Un hobby que me recuerda que no hace falta correr
Si tuviera que resumir lo que significa el dibujo urbano para mí, probablemente diría que es una forma de bajar el ritmo.
De dedicar un rato a observar.
De disfrutar del proceso sin pensar demasiado en el resultado.
Y, quizá por eso, me gusta tanto.
Porque me recuerda que no todo tiene que hacerse deprisa para merecer la pena.
¿También te gusta dibujar o te gustaría probar alguna vez? Si un día coincidimos con un cuaderno y una caja de acuarelas delante de una plaza o una calle bonita, no dudes en saludarme. Siempre es un placer compartir esta afición con otras personas.